por Kike Dordal
Todos los
actos que haga en lo que queda de mi paso por este escenario enorme y bello
debe estar destinado a favorecer el largo proceso de liberación de los pueblos.
No sé
cuando tomé esa decisión, ni cuánto tiempo hace. Se fue tomando sola en la
medida que uno va comprendiendo el mundo, ese enorme teatro en donde unos pocos
disputan cartel mientras muchos, todos los dueños del teatro, de su
escenografía y de sus recursos, asistimos atónitos a un espectáculo de malísima
calaña pero que insume altísimos costos y deja a muchos afuera. Incluso se
vende el espectáculo como si fuese una maravilla y, en ocasiones, nos matamos
entre nosotros por entrar.
En ese
panorama resulta muy difícil saber cuáles son las acciones que van en el
sentido de la revolución y cuáles no. Incluso a veces nos sentimos a contramano
de este mundo de espectadores confusos que pelean por una fila más adelante, o
a contrapelo, o a contramarcha o a contra de algo, quién lo sabrá. Pero como si
este mundo no fuese nuestro. Como si no fuésemos parte de él, pero sin dudas
aquí estamos y somos parte. ¿Entonces?
