por Kike Dordal
Vivimos en un sistema que nos formó para transitar la vida “esperando el viernes”, como una inmensa reducción de las formas de la felicidad y la libertad. Ese mínimo y efímero deseo, agrandado por las convexas lentes del consumo, nos conduce linealmente al sentimiento, de similar mesura, encerrado en la expresión pesada y cotidiana de “lunes otra vez”. Pero el lunes que contiene este relato no es un lunes cualquiera.
El breve y dificultoso descanso de miles y miles de argentinos culminó con un amanecer que mostró, en todas las ventanas, una foto del futuro, tan clara y nítida como las mejores del pasado. Aunque muchos no pudieron verla, la foto siempre estuvo ahí. Indefectiblemente para ellos, los bordes difusos se van definiendo y, más tarde que temprano la verán. La foto muestra con claridad el pasado, presente y futuro de quien gobernará los destinos de nuestra Argentina en los próximos cuatro años.
Para quienes no pudieron ver la foto antes, el abrazo que la esposa del asesino venezolano Leopoldo López le diera a Mauricio Macri en la noche del festejo, como muestra muy sincera de su enorme alegría por el triunfo del PRO, junto a la nota Editorial de la mañana siguiente al ballotage que publicara el diario La Nación con el título “No más venganza”, configuran junto a muchas otras señales los bordes claros y los fuertes contrastes en la foto de este lunes que, por fin aunque un poco tarde, comienza a revelarse. A esta altura no caben dudas de por qué no hablamos de un lunes cualquiera.

