“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

lunes, 23 de noviembre de 2015

Lunes otra vez

por Kike Dordal
     Vivimos en un sistema que nos formó para transitar la vida “esperando el viernes”, como una inmensa reducción de las formas de la felicidad y la libertad. Ese mínimo y efímero deseo, agrandado por las convexas lentes del consumo, nos conduce linealmente al sentimiento, de similar mesura, encerrado en la expresión pesada y cotidiana de “lunes otra vez”. Pero el lunes que contiene este relato no es un lunes cualquiera. 
     
     El breve y dificultoso descanso de miles y miles de argentinos culminó con un amanecer que mostró, en todas las ventanas, una foto del futuro, tan clara y nítida como las mejores del pasado. Aunque muchos no pudieron verla, la foto siempre estuvo ahí. Indefectiblemente para ellos, los bordes difusos se van definiendo y, más tarde que temprano la verán. La foto muestra con claridad el pasado, presente y futuro de quien gobernará los destinos de nuestra Argentina en los próximos cuatro años.

     Para quienes no pudieron ver la foto antes, el abrazo que la esposa del asesino venezolano Leopoldo López le diera a Mauricio Macri en la noche del festejo, como muestra muy sincera de su enorme alegría por el triunfo del PRO, junto a la nota Editorial de la mañana siguiente al ballotage que publicara el diario La Nación con el título “No más venganza”, configuran junto a muchas otras señales los bordes claros y los fuertes contrastes en la foto de este lunes que, por fin aunque un poco tarde, comienza a revelarse. A esta altura no caben dudas de por qué no hablamos de un lunes cualquiera. 


     Desde siempre pero con mucho más énfasis en la última semana antes de la predecible e inevitable derrota del pueblo argentino, algunos periodistas autoerigidos como defensores del “Proyecto” y devenidos en “Generales mediáticos para la Defensa”, creídos que en su lucha desde un cómodo sillón y molestos maquillajes, vencerían “al poderoso” sólo por la justa palabra que las masas sabrían comprender y actuar en consecuencia. Ellos y ellas, planteaban la segunda vuelta electoral como una final, como la “final de un campeonato” se atrevió a “metaforizar” uno. Como si se tratara de un juego en un torneo que dura cuatro años, con eliminatorias cada dos. Esa “metáfora” de platea de hipódromo caló hondo en algunos sectores que, en este lunes que parió esta nota escribieron en sus cuentas de redes sentencias tales como “volveremos”, “en cuatro años hay revancha”, “si no te gusta, en 4 años votas a otro”, “es lo que el pueblo eligió, hay que respetarlo” y muchas otras más, de similar sentido. 

     No sólo no es un juego, sino que quien ha sido electo y lo que es peor, en obediencia debida a quienes representa, será el responsable de las políticas públicas de la Nación y de los distritos más poblados del país los próximos cuatro años. Cuando se habla de políticas públicas no se habla de otra cosa que la decisión de cómo distribuir la riqueza que cada uno de los habitantes de este país produce en salarios, beneficios sociales, salud, educación vivienda y el sentido que éstas cobrarán. Si durante lo que dura el “torneo” las mencionadas políticas públicas recortan salarios y presupuestos en salud, educación y vivienda, junto al desempleo provocado por los “ajustes”, desviando esa riqueza a fortalecer las ganacias de los grupos empresarios, provocará que muchos ciudadanos se queden sin trabajo, que no puedan tener atención de salud necesaria, que tengan pésimas condiciones de vida y casi nulo acceso a la educación que, sumado a la represión policial cuando salgan a la calle a protestar o exigir justicia, tendrá como resultado a lo largo de cuatro años – lo que dura el “torneo” – mucha gente que padezca fuertes carencias y muera por ellas o por los golpes, o por el gatillo fácil o por pobre, por feo, por zurdo, por adicto, por vaya a saber qué más. Es decir, entre final y final hay muerte y miseria en muchos y muchas. ¿De qué clase de torneo me hablan? ¿Con que tranquilidad se van a casa a esperar la próxima final? ¿Y con los muertos y excluidos, qué hacemos, qué les decimos? 

     El futuro no golpea nuestra puerta, está sentado en nuestro living hace rato. Cena con nosotros casi todos los días. Y se parece mucho al pasado, tal vez no en su forma pero sí en sus gestores y mucho más en los intereses e intenciones que ellos tienen y defienden. Plantearlo como una final deportiva y perdida, es creer que “Sacachispas” puede ganarle la final al Barcelona, Messi incluido. La pelea con ese sentido es un tobogán a la derrota – por el cual nos deslizamos - y eso ya no es noticia. Lo que se debe buscar es otro sentido, el que fortalezca a los pueblos. Esta batalla de sentidos, de ideas, cultural, está perdida y con el diario de este lunes tan particular, no caben dudas. 

     La pregunta a construir para que resuene el martes siguiente al lunes tan particular y que se haga eco día tras día, es ¿Cuál es el sentido que debe tener la lucha de los pueblos? ¿Cómo y con quiénes damos la nueva batalla? Esa respuesta es el camino de construcción en esta etapa de resistencia, defensa y conquista de los sectores populares que comienza en este lunes tan especial. Camino que, a diferencia de otras épocas de resistencia nos encuentra mucho mejor parados. Con más y mejores herramientas. 

     Un pueblo con mucha más conciencia política, con mucha más conciencia de Nación y de la región que nos contiene. Un pueblo con más derechos y con el conocimiento y convicción que los derechos se luchan y se conquistan, no se negocian ni se mendigan. Con conciencia de la necesaria unidad, del necesario consenso y construcción en la diversidad y con la firme decisión de defender lo conquistado y la soberanía de nuestra Patria con lo mejor que se tenga. Cuerpo, mente y corazón. 

     La visión clara de la foto del lunes junto a la acumulación y fortaleza construida en los últimos años por el pueblo argentino organizado nos pone, junto a la región, frente, más que nunca, a la oportunidad histórica de transitar el camino hacia la definitiva independencia de Nuestramérica. Sólo tenemos que juntarnos, vernos las caras, escuchar, pensar, hablar, en manada porque ya sabemos que no nos salva nadie, nos salvamos juntos. Y ese “juntos” es el pueblo. 

     Unidad, unidad, unidad fue el legado que dejara el Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías. Este lunes huele a azufre, como aquel salón en 2005. Construyamos pueblo unido y transitemos en manada nuestras calles para consolidar la verdadera y definitiva libertad, lo demás no importa nada. 



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