“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

lunes, 9 de septiembre de 2013

"La cosa" no es "Ella o vos"

                                                                                                                                                                     Por Kike Dordal

Esta reducción, impuesta publicitariamente por uno de los más  influyentes partisanos del poder económico, camuflado de dirigente político interesado en los problemas de “la gente”, no hace más que tratar de instalar en la opinión pública la idea absurda que pone a la política y sus acciones como una mera disputa entre dos personas, arrogándose “él” la representación del “vos”.  No es el único. Casi todos los que hoy se autoenvisten de opositores a la actual gestión de gobierno, con mínimas y honrosas excepciones, intentan argumentar posiciones con simples reduccionismos y simplificaciones demagógicas, en  lugar de sostener sus argumentos en las verdaderas deudas o falencias de este período, que como las brujas, las hay. Parecería que a lo que en realidad se oponen es otra “cosa”, pero que si lo expresaran con claridad, no los votaría nadie, parafraseando al autodidacta riojano de los noventa.

Tanto la Argentina como toda Latinoamérica viene desarrollando desde hace más de una década una serie de cambios que, con mayor o menor profundidad y éxito, intentan revertir nuestra historia de explotación, injusticia, saqueo, discriminación, genocidios y silenciamientos. Nada menos. Las herramientas que cada una de las naciones decide utilizar están íntimamente ligadas a sus historias y a sus pueblos, lo que deriva en esta cierta y veraz sensación, expresada hace un tiempo por Cristina Fernández, de gobiernos que “cada vez se parecen más a sus pueblos”.

En la Argentina en particular, este proceso se viene llevando desde el año 2003, más precisamente desde el 25 de mayo de ese año, momento en que asumiera la presidencia Néstor Carlos Kirchner, fallecido el 27 de octubre del 2010. El cambio al que hacemos mención está profundamente atravesado por la historia y por las características socio-culturales de nuestro pueblo. Debemos aclarar que, la comprensión de los términos en los cuales nuestra historia condiciona las políticas del presente no serán encontradas en la historia tradicional mitrista que, aún hoy, sigue siendo el eje principal de nuestro sistema educativo, sobre todo en sus primeras etapas, ya que las zonceras nos las inyectan “de chiquitos y en dosis para adultos”. Encontraremos estos condicionamientos en otra historia, la que escriben los que no ganan.

En el estudio y análisis de esta historia escrita por vencidos y no por vencedores se puede advertir que la gran mayoría de las gestiones de gobierno desde la Primera Junta de mayo de 1810  hasta el presente han dictado y ejercido políticas que favorecieron, en diferentes grados, los intereses de los poderes económicos de cada época, utilizando como recurso de estos favores la explotación de nuestros hombres y mujeres y el uso indiscriminado de nuestros recursos naturales. Este esquema básico tuvo como consecuencia la producción de grandes sectores sociales con escaso acceso a los recursos mínimos para la supervivencia y de otras minorías con excedentes, a veces, inmanejables. Una pequeña parte de las gestiones del ejecutivo en el período mencionado, propuso y ejecutó políticas que tenían la intención de reducir la brecha entre estos dos sectores sociales creados conforme a la decisión tomada de instalar esta forma de organización política de la neonata Nación. Todas las administraciones políticas de estas pocas gestiones, sin importar el grado de reducción de la brecha que lograran operar, ni mucho menos, el  color político que las impulsara, fueron expulsadas en forma violenta del poder y sus defensores perseguidos y asesinados por empleados de buena paga sostenidos por el poder económico de turno. Lo que no hizo ninguna de las gestiones de gobierno a lo largo de nuestra historia como nación independiente, es intentar cambiar el esquema básico de organización política, simplemente o se aprovecharon de él o intentaron hacerlo más justo, más equitativo con una fuerte reducción del daño. Es estos menesteres, el peronismo primero y el Kirchnerismo hoy han sido, sin ninguna duda, los más eficientes a la hora de la justicia social y el reparto de la riqueza. Pero la profundización y la sintonía fina en la construcción de justicia social lleva, indefectiblemente, a otra cosa. Esa “cosa” es el gran dilema para “Tirios y Troyanos”.

Desarrollando “La cosa”

            No hablaremos de la novela de Campbell Jr. , sino de otra “cosa”.
            En el momento en que decidimos entender las razones por las cuales alguien envía aviones a bombardear una Plaza de su propia Nación, sin que haya guerra ni ningún enfrentamiento bélico que lo justifique en esos términos, provocando casi 400 muertes, o asesina y desaparece a 30.000 vecinos de su propio país, en ese momento comienza a dibujarse “la cosa”.
           
Hechos tan violentos de nuestra política interna como los mencionados, a los que se les podría sumar los fusilamientos de obreros de principios de siglo dejaría a tantos luchadores asesinados sin sentido sino tomamos sus muertes como premisa y bandera para el análisis. En el final del segundo período gobierno peronista, previo a los bombardeos, como luego de la muerte de Perón y el final del tercer gobierno peronista, con la mas feroz de la dictaduras, tanto como en la actualidad, encontramos presente esta “cosa” de la que tantos parecen no querer hablar.

Plantearse profundizar la justicia social y la equidad no puede tener un límite y, si lo tiene, es la propia  injusticia social o la inequidad en términos más moderados. Habrá menos pobres, pero los habrá. Habrá menos injusticias, pero las habrá. Habrá menos de todo lo malo, pero lo habrá. Si algunos deciden conformarse con enormes y profundas mejoras e intentar sostenerlas y resistir los embates del poder económico por volver a las fuentes, ese conformismo los llevará, indefectiblemente al retroceso, por el desgaste y sobre todo, por la diferencia de herramientas y de escrúpulos a la hora de usarlas. Si en cambio se decide avanzar en la profundización, tanto hasta que desaparezca la injusticia social y la inequidad, esa decisión lleva inseparablemente unida a ella la necesidad de cambiar el esquema básico de organización social, ahí, precisamente está “la cosa”. Cambiar el sistema. Cambiar los métodos de producción, junto a los hábitos de consumo. Cambiar los mecanismos de reparto de la riqueza y por ende el sentido de la propiedad, sobre todo de los recursos naturales y su aprovechamiento. Siguiendo a esto, cambios culturales y sociales, realmente profundos. Esto, en nuestro país, jamás siquiera se planteó desde una gestión. La violencia extrema apareció cuando la realidad política y social dejaba dos caminos posibles, o volver a las fuentes o cambiar el sistema, ésa es “la cosa”. No caminar hacia una Revolución, sino, revolucionar, subvertir tanto el poder como sus consecuencias. Este debe ser un objetivo, de lo contrario, volveremos a los periodos seculares de nuestra historia, donde pequeños logros son seguidos de violentas y crueles derrotas.

Lo que debe defenderse del Kirchnerismo es lo que sus detractores no se animan a expresar. Arturo Jauretche colocaba el mapa de la Argentina al revés y, con esta metáfora, intentaba explicar que hay otra forma de ver y hacer las cosas. Aunque no todos las hayan hecho de esta manera, eso hizo el Kirchnerismo en 10 años. La decisión de defender y avanzar para transformar el sentido de las cosas o de volver a las fuentes, no es una decisión ni del oficialismo, ni de sus detractores, es una decisión del pueblo libre organizado. El enfrentamiento con los organismos financieros internacionales, la defensa de los Derechos Humanos y el camino hacia la nacionalización de los capitales junto al reparto de la riqueza no son solo medidas de una gestión de gobierno, sino la antesala para una nueva forma de administración, donde el norte sea el sur y el sur sea el norte.

No hablemos de otras "cosas", luchemos por ésta.





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