“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

viernes, 12 de octubre de 2012

Ser o no ser K

     por Kike Dordal

     Este humilde, breve, pero pretencioso ensayo tiene como único objetivo analizar el modelo que se desarrolla en la Argentina desde 2003, partiendo de la recurrente noticia del asesinato de un campesino militante del MOCASE-VC a manos de mercenarios financiados por grandes empresas. Absolutamente descontaminado de las reducciones demagógicas planteadas por sectores opositores y los poderes económicos usando como panfleto y operadores políticos al Grupo Clarín fundamentalmente. El espectro es sin duda mucho más amplio que una simple oposición dicotómica. 

     Ya no hace falta prácticamente invisibilizar las noticias de asesinados en protestas de trabajadores, desalojos de campesinos o pueblos originarios o víctimas del eterno y gravísimo problema habitacional que vive la Argentina, están tan naturalizados estos hechos que comienzan a parecer cotidianos e inevitables, como los accidentes de tránsito o las catástrofes naturales. 

     Sin embargo las discusiones políticas siguen girando en derredor de algunas grandes deudas de este modelo para con el pueblo y en particular con los sectores más vulnerables, levantadas como banderas irrenunciables por sectores de la oposición – en muchos casos banderas que se contradicen a los principios mismos del partido o grupo opositor - y se enfrentan a verdaderos logros de esta gestión y la necesidad de perpetuarlos y profundizarlos – en muchos casos también contradictorios con los intereses de algunos “aliados” al proyecto - . La rigidez de estas dos posiciones genera esta falsa dicotomía que impide colocarse en algún lugar sin ser merecedor de alguna rígida etiqueta. “Si pretendés defender algunos logros sos ultra K y si criticás algunas patas flojas del modelo compraste el discurso de Clarín o sos un “gorila recalcitrante” o definitivamente “pandófilo””. Esto no es, ni más ni menos, que lo que el fallecido filósofo francés inmortalizó como “simplificación demagógica”, herramienta fundamental de la televisión en su rol normativo y despolitizador. 

     No se debe dejar de lado que el “Proyecto Nacional y Popular” iniciado en 2003 por Néstor Kirchner surge, desde su creación, de la frustrada experiencia de las “utopías revolucionarias” que planteaban consignas simbólicas tales como “…el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel”. No porque deje de ser un deseo, sino, porque se trata de cambiar actos heroicos sin resultados reales, por actos más sencillos con cambios sustanciales. Los mismo que otros planteos en Latinoamérica, este proyecto no apunta a despojar violentamente las injustas y genocidas riquezas obtenidas por los grupos de poder en los últimos 50 años, sino que tratan de repartir riquezas afectando lo mínimo necesario a estos grupos de poder, ya que la presencia de ellos, para estos modelos, aunque suene paradójico, es la que permite esa distribución más equitativa. Plantean, dentro de la lógica capitalista, una mejor distribución de los beneficios productivos. Una suerte de combinación de desarrollismo productivo con equidad y justicia social. Muy lejos de una revolución que ponga, con justicia a decir verdad, en manos de los sectores postergados las riquezas arrebatadas a los largo de la historia. 

     Lo cierto es que, los grandes grupos económicos dueños absolutos del poder a lo largo de muchos años, reaccionan ante estas políticas, que los incluyen, como si poco menos se estaría operando una expropiación masiva de todos sus bienes, y se aglutinan, victimizándose detrás de grandes operaciones mediáticas que no intentan más que confundir y desalentar a los pueblos, para que crean que esto es mentira, una mentira más y que cambiar la realidad del poder es imposible. 

     El Grupo Clarín no está a punto de perder su imperio, ni mucho menos de derrumbarse ni de sufrir una hecatombe económica, muy por el contrario, conservando las licencias que le permite la ley seguirá siendo un grupo empresario muy poderoso pero ya no, dueño absoluto del poder en la Argentina. 

     La pregunta a futuro es, ¿qué significa profundizar el modelo?, significa, como todo indica,  avanzar sobre los privilegios de los grandes grupos económicos y utilizar esos fondos para generar más políticas de vivienda e inclusión, comenzar a defender la propiedad de la tierra frente a la invasión de la minería y la sojización hasta lograr un equilibrio entre producción y soberanía plurinacional, o - no hay situaciones que orienten en este sentido -  mantener el status quo de lo logrado en equilibrio con lo adeudado como límite de un modelo. Son sólo dos respuestas a las tantas posibles, pero todas las posibles tiene algo en común, perpetuar y no retroceder en los importantes logros obtenidos, las banderas no deben volver a bajarse jamás. Los fondos previsionales deben ser administrados por el Estado, como la línea de bandera y la petrolera. El estado debe ser fuerte para evitar los intereses de grandes grupos económicos lleven a los pueblos a situaciones de extrema pobreza y abandono, son sólo algunas de las cuestiones irrenunciables a defender.  Esto, gran parte del pueblo lo aprendió.

     La corrupción, los abusos empresarios, la mafia sindical, la inseguridad, la inflación, son males que aquejan a la Argentina desde hace mucho tiempo y en forma sistemática y recurrente. No deben ser nunca, ni incluidos, ni mucho menos naturalizados. El salario mínimo, las paritarias, el aumento legislado de la jubilaciones, la defensa, respeto y lucha por los Derechos Humanos, la soberanía, la valoración de la producción por sobre la especulación, la lucha por la democratización de la palabra, las políticas inclusivas, tanto de género como étnicas o sexuales, son en su mayoría inéditas en la Argentina y no son simplemente logros K, son logros de gran parte de un pueblo que encontró una gestión que supo escucharlos y erigir sus banderas, y buscará profundizar esas políticas hasta lograr una verdadera justicia social sin un solo pobre, de verdad, en la argentina y luchar para que aquellos males que nos aquejan sean definitivamente excluidos. Las revoluciones pueden ser utopías, el fin de la pobreza, y las construcción política no. 

     Es cierto que, en un pesimista análisis y sopesado con los deseos de las mayorías, en casi 10 años lo logrado parece, para algunos, muy poco. Pero no es menos cierto que los logros son genuinos, sólidos y por tanto factibles de mejorar y profundizar y resultan no tan escuetos cuando se dimensiona el camino y los obstáculos sorteados para conseguirlos. 

     Como las poesías, la música o el arte en general y parafraseando a Pablo Neruda, una vez que la obra se soltó, le pertenece al pueblo. Los logros son del pueblo y no de ningún dirigente ni partido político en particular y como tal debemos defenderlos, todos y todas. 

     No hay dicotomías ni demagogias, hay, simplemente, nuevos puntos de partida para continuar construyendo. 

     Los pueblos no siguen a los partidos ni a las ideas, son ellos o ellas que deben seguir a los pueblos. 








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