“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

martes, 17 de julio de 2012

Comer Afuera

Por Kike Dordal*
(Nota publicada en la edición del mes de Julio en el periódico Sur Capitalino)

     Salir a comer fuera de casa es una costumbre gratificante y privativa de clases medias. En otros casos es la respuesta a la imposibilidad de acceder a una alimentación básica. Si tenemos en cuenta que estamos en un país que produce alimentos para 300 millones personas y lo habitan menos del 20 % de esa cantidad, parece un absurdo.      

     La Ciudad de Buenos Aires, Capital de esa impresionante producción alimentaria, representa el distrito que concentra la mayor riqueza. Según fuentes oficiales, todos los días almuerzan 23000 personas en los 317 comedores comunitarios a los que esta gestión asiste. Esto también es comer afuera. 

Lidia López
     Como para muestra sólo hace falta un botón, nos pusimos en contacto con Lidia López, referente del Comedor Esperanza de la Boca y una de las dos delegadas de Comedores del barrio. Como era de esperar, la zona sur de la Ciudad, ostenta la mayor cifra, tanto de comedores como de obligados comensales. 

Cuadro de situación: 

     El barrio de La Boca posee 28 comedores que alimentan al mediodía cerca de cuatro mil personas diariamente, ya que existen sólo 2 que sirven alimentos también por la noche. Están asistidos por el Gobierno de la Ciudad por el Operativo Apoyo a Grupos Comunitarios, del Ministerio de Desarrollo Social a cargo de Carolina Stanley, la funcionaria más adinerada del PRO, hija del poderoso empresario de la alimentación – paradójicamente - Guillermo Stanley. Esta asistencia consiste, según nos cuenta Lidia López, en la provisión de alimentos frescos en forma diaria, y semanalmente verduras y no perecederos. También reciben un subsidio en efectivo, 2 veces al año, que promedia los $ 12000.- para insumos, monto que incluye $ 3600.- para 3 personas que trabajen, a razón de $ 200.- por mes para cada uno. ¿? 

Necesidades y carencias: 

     “Los comedores no son solamente un lugar donde venís a comer y chau, deben ser un lugar de contención, donde quienes vienen puedan encontrar otras actividades a las cuales tampoco tienen acceso, como talleres, capacitaciones, apoyo escolar etc., pero para todo eso hacen falta recursos.”, expresaba Lidia con dolor. En el caso particular del Comedor Esperanza, quería crear una juegoteca para los chicos que pasan toda la tarde en el lugar, con resignación Lidia relataba “Entregué el proyecto a las corridas el último día y me lo aceptaron. Esto sucedió en el mes de enero, todavía no tengo respuesta.” También brindaban, a pulmón, apoyo escolar, pero la voluntad sin insumos mínimos queda en un gesto. “Siento que hacemos un trabajo a medias, sin terminar”, la utilidad del trabajo queda limitada a saciar una necesidad fisiológica que es el hambre, sin tener en cuenta para nada a la persona. Se podría inferir que quienes dirigen estos programas no tienen una intención inclusiva, sino más bien orientada a la demagogia política. Ante este supuesto, la Delegada de Esperanza lanzó como una sentencia “Mi trabajo de Delegada me ha hecho ver mucha injusticia, a ver si me explico, si yo soy del PRO, me dan todo, no me falta nada, tengo el C.P.I. – Centro de Primera Infancia - , tengo la juegoteca, ahora, como yo no soy del PRO, no tengo nada”. 

¿A eso no lo llamaban clientelismo político?. SIC. 

*Periodista y Docente en Ciencias de la Comunicación Social

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