“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

miércoles, 11 de abril de 2012

REPRESIÓN POLICIAL

Los dueños de la libertad 

     Muy cierto es que frente a una protesta o corte en la vía pública existe un sector de la sociedad que, de una u otra manera, se ve perjudicado. Visto desde este punto de vista surge una inevitable pregunta para ese sector social ¿el perjuicio percibido o el cercenamiento del derecho de tránsito justifica el daño físico o incluso la muerte de otra u otras personas? En la respuesta a esta pregunta está el punto de partida para el análisis del mecanismo de solución del conflicto. 


Plaza de Mayo-Junio de 1955
    Durante los últimos cincuenta años, por lo menos, en nuestro país, la respuesta a esta pregunta desde los sectores gobernantes – de facto o democráticos – ha sido, en la mayoría de los casos “si”. Desde aquel obscuro y triste 16 de junio de 1955 la represión por parte de las fuerzas de seguridad, siembre subordinadas al poder político de turno, se ha cobrado innumerables víctimas en distintas circunstancias, contextos y geografías, pero el resultado cualitativo de la ecuación fue siempre el mismo: muertos.

        Resulta una gran “zoncera” creer que la represión puede ser una herramienta que solucione un conflicto, puede que finalice su expresión pública, pero de ninguna manera lo soluciona. Muy por el contrario la violencia aplicada desde el estado a través de sus fuerzas de seguridad, públicas o militares no hace más que imponer por la fuerza misma una de las dos visiones del conflicto, dejando a una de las partes completamente vulnerada, indefensa y con un nuevo reclamo por hacer.

        Lo cierto es que durante todos estos años la represión en los conflictos sociales no tuvo la intención de solucionarlos, ni siquiera de quitarlos de la escena pública. La real intención de la represión de la protesta social es la de esconder los efectos de la aplicación de políticas públicas o la falta de otras, en beneficio de sectores dominantes de la sociedad y en detrimento de las mayorías. Como decía nuestra querida Mafalda, “el abollador de ideas” y si bien las ideas no se matan, los envases que las transportan, difunden y llevan a cabo, si mueren.

        Todo este accionar está basado en un fundamento histórico-político que los especialistas llaman “pensamiento liberal”. Este pensamiento defiende a ultranza las libertades individuales y la propiedad privada, pero sólo de los sectores sociales que califican para disfrutar de esa libertad. En esa calificación no está incluido todo el pueblo, es la situación económica en general, la que determina qué peldaño de esa escalera de libertades se puede alcanzar. Entonces, cuando alguien quiere ascender hacia un escalón al que no le “corresponde” es el “estado liberal” el que debe bajarlo con violencia. Este es el sentido que tienen las fuerzas de seguridad en este sistema, razón por la cual los pueblos siempre se enfrentaron con los uniformados, aunque compartan su origen social. 


Intentar responder que “no” a la pregunta en cuestión no resulta, paradójicamente, nada fácil. No se trata simplemente de no reprimir la protesta social, sino de escuchar los reclamos y aplicar como un dogma la sentencia de Eva Perón: “dónde hay una necesidad, hay un derecho”. Pero esto implica, a su vez, dejar de observar sólo los privilegios de un sector y estar atentos a la libertad de todos y todas y allí es donde empiezan los conflictos.

        No comulgar con ese “pensamiento liberal” ni con sus descendientes, los “neoliberales” significa creer que la libertad es de todos y todas, sin ninguna distinción. Ante un enfrentamiento de intereses se debe buscar, a través del diálogo, el análisis, el pensamiento,  una situación que permita a todos los sectores gozar de los derechos que otorga la libertad, teniendo en cuenta que, cuando las partes no están en igualdad de condiciones, debe tener prioridad el más débil o el que sufre una situación más complicada. Claro, pero este camino recorta privilegios y lo que es peor no es “rentable”.

        La clara y contundente respuesta es “ninguna situación justifica el accionar violento que provoca daños a las personas e incluso la muerte.”

        Cuando alguien argumente su libertad de tránsito o la pérdida del presentismo por la demora en un corte, para justificar la acción violenta, debemos entender que está diciendo “estoy dispuesto a matar” o, lo que es peor, mandar a matar, para no llegar tarde o para recibir unos mangos más. De los sectores de poder y las empresas no hace falta hacer ninguna aclaración porque ya sabemos que han financiado siempre el crimen en la Argentina para defender sus privilegios, sobran los ejemplos: Papel Prensa, Ledesma, Ford, Loma Negra, etc..

       Luego de este trayecto recorrido, cabe preguntar ¿vos estás dispuesto a matar o mandar a matar por algo?

        Defender la libertad es defender la libertad de todos y todas. La libertad no tiene dueños.


          Información para decidir, conocimiento para ser libres.


                                                                             Kike Dordal

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