“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

sábado, 14 de abril de 2012

Confieso que he matado

¿7000 u 8000?

     Nuestro querido idioma castellano nos brinda un léxico riquísimo que nos permite una expresión cuasi exacta de lo que queremos decir. Si a esto le sumamos los recursos culturales aportados por los modismos locales, estamos frente a una herramienta invalorable. Pero semejante elemento carecería de eficacia si, tanto sus emisores como sus perceptores no comprenden y valoran el real sentido de las PALABRAS. 

     Las declaraciones hechas por el genocida ex Teniente General destituido y condenado en varias oportunidades a cadena perpetua e imputado en gravísimos cargos aún en proceso, Jorge Rafael Videla, para el libro de un periodista que no es objeto de mención en este trabajo, han recorrido y recorrerán, tanto las tapas como los cuerpos de todos los medios de comunicación, sin distinciones de ningún tipo, incluso fronteras afuera. 

     En general los dichos han sido repudiados con distintos énfasis, profundo y fuerte desde los organismos de Derechos Humanos y moderados desde las publicaciones más conservadoras, completando el espectro. 

     Cada comentario o artículo publicado ha destacado y calificado de “aberrantes” las declaraciones del gerente asesino. Desde repudiar la falta de arrepentimiento cuando ya no tiene nada más que perder y consciente de que pasará el resto de su vida tras las rejas con el distintivo destacado de “GENOCIDA”, pasando por el reclamo de las listas y destinos de los cuerpos, de los datos de bebés robados, nacidos en cautiverio o bien secuestrados junto a sus padres y luego asesinados. También fueron objeto de rechazo su confesión respecto de empresarios, políticos y sindicalistas indicados como cómplices y partícipes activos en los delitos de lesa humanidad perpetrados en aquellas obscuras décadas. Igualmente calificada fue su expresión de “errores” al referirse al golpe de estado y al robo de bebés. También confesó que el objetivo era instalar una economía de de libre mercado en contraposición a las políticas de fortalecimiento del estado por parte del peronismo y frente a la amenaza extranjera, en manos según él, del E.R.P y otras organizaciones insurrectas. 

     Pero en el medio de esta retórica criminal existió una declaración poco destacada en relación a las mencionadas y que reviste, en su sentido, la más grave y la que sintetiza el estroma del pensamiento de aquel proceso, de quienes lo acompañaron y de los que, aún hoy, intentan reivindicarlo y de una u otra manera continúan gozando de los beneficios obtenidos criminalmente. En sus dichos el reo confesó que el proceso que el comandaba desde un decreto de el ex presidente interino Ítalo Lúder y que otorgaba “carta blanca” a las fuerzas armadas para asesinar, efectivamente se cargaron con la vida de “7 mil u 8 mil” personas. 

     Este sujeto, receptor de la más enorme y patriota repugnancia, hace referencia a una diferencia de 1000 personas que no sabe si mató o no. 1000 vidas humanas, más allá de callarse otras 20.000, se permite el lujo de expresar, como si fuese indistinto, mil muertos más, o menos. 
     Esto, sumado a aquella declaración sobre los desaparecidos, cuando vomitó la frase “son desaparecidos, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos”, ahora profundiza el sentido de sus palabras y agrega la poca importancia que tiene para el la vida humana la existencia o no de 1000 personas muertas. Esto no hace más que clarificar el pensamiento de estos decadentes torturadores y sus secuaces civiles. 

      Si no lo entendés ahora estás muy cerca de ser un cómplice. 

      Será justicia. 

     “Información para decidir, conocimiento para ser libres”. 

                                                                      Kike Dordal

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