“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

viernes, 9 de marzo de 2012

Esa antigua profesión…


     No se trata de esa actividad, no señor. La profesión más antigua se llama “corrupción” y a ella le dedicaremos unas líneas. 

        La primera observación, por cierto muy curiosa, es que a lo largo de la historia y en la mayoría de los casos, los primeros denunciantes y los también pioneros en expresar su inmensa indignación por lo general con una gran puesta en escena, son los propios beneficiarios de ese acto de corrupción. Pero comencemos por el principio, aunque dicen que los corruptos no tienen principios. (SIC)

        Para que exista un acto de corrupción, en primera instancia, debe existir una persona que, por distintas razones, tiene la capacidad o el poder necesario para desviar u orientar en otro sentido el curso natural, normativo y/o legal de una situación que, en su distorsión termina beneficiando a un actor que no era el original destinatario del beneficio. Resumiendo, un “acto de corrupción” se compone entonces por dos actores beneficiarios (corruptos), un perjudicado y el acto en sí mismo. Aquí tenemos que hacer una disgresión. Vaya a saber por qué cuestión de índole cultural estimo, nuestra sociedad condena y repudia con mucha dureza a uno solo de los actores beneficiarios, aún sin pruebas fehacientes, y al otro, no sólo no lo condena, sino que sigue financiando su enriquecimiento, aún con contundentes hechos que lo incriminan. Veamos algunos ejemplos.

       Durante la década del ´90 muchas empresas fueron privatizadas siguiendo los principios de la corrupción política, pero nos vamos a referir a una sola, a modo de ejemplo. La Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL) luego de varios y fracasados intentos finalmente fue privatizada de la mano de la astuta María Julia Alsogaray. Muchos años después los argentinos supimos los detalles de ese colosal “acto de corrupción” que llevara a la cárcel a la funcionaria y luego a sendos embargos de su patrimonio, suceso que, casi toda la sociedad, vivió con alegría y una sensación de pequeño acto de justicia. Pero el otro actor beneficiario, y beneficiario en mucha mayor medida, la empresa española Telefónica de Argentina, no sólo no fue condenada por la sociedad sino que la misma la sigue financiando, eligiendo sus onerosos productos y servicios. Para ejemplo, sólo hace falta un botón.

       Uno de los abanderados de la corrupción en la Argentina, por lo menos para el acervo cultural y el argot esquinero, fue el ex intendente de la Ciudad de Buenos Aires, el Dotor Carlos Grosso, un grosso el hombre. Sin embargo, en la misma sintonía que desde el principio de esta nota, la sociedad ha condenado al ex intendente, pero sigue financiando a las empresas y empresarios que se beneficiaron con aquellos actos, Dianiel Hadad y Radio 10, a modo de ejemplo.

       En el presente, sucede lo mismo y la sociedad parece no advertirlo aún. Un grupo multimediático difunde sospechas de corrupción sobre algunos funcionarios nacionales, generando en la opinión pública una sensación de indefensión y abandono, mientras las empresas de ese mismo grupo empresarial son las beneficiarias, provocadoras y financistas del o los actos de corrupción en cuestión y el pueblo, sigue financiando a esos actores ocultos pero imprescindibles en todo acto de corrupción. ¿No resulta curioso las grandes coberturas mediáticas sobre las sospechas de corrupción de algunos funcionarios nacionales y el absoluto silencio sobre la inmensa cantidad de causas judiciales y algunas de ellas con procesamiento ratificado por Cámaras, que pesan sobre el Jefe de Gobierno Porteño Mauricio Macri y varios de sus ministros?

       En síntesis, no hay acto de corrupción sin, por lo menos dos corruptos, el funcionario o dirigente, beneficiado por una coima, sobresueldo, regalos, retornos etc., y la empresa pagadora de esta instancia, pero beneficiaria en una dimensión temporal y económica muchísimo mayor que provocará en la sociedad daños profundos como los que se vienen tratando de reparar desde hace más de ocho años.

       Los peores enemigos del bienestar de un pueblo son las empresas o empresarios que financian, estimulan o provocan actos de corrupción. Como decía Bertolt Brecht, “El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”

       Sin duda, con las ganancias que las empresas obtienen de esos actos de corrupción, se financia la felicidad de un pueblo.

       Nuestro principal enemigo son esas empresas, porque aunque lográramos encarcelar a todos los funcionarios corruptos, ellas poseen el poder de generarlos nuevamente, como así también de hacernos creer que el que no es corrupto si lo es y el que verdaderamente es, ni siquiera lo sospechemos.

       Estemos atentos, no todo lo que se publica es noticia.

       Información para decidir, conocimiento para ser libres.



                                                                                Kike Dordal


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