“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

miércoles, 3 de octubre de 2012

Dictadura en democracia

     Mucho se habla de “Dictadura cívico-militar”, complicidad, socios y demás títulos impuestos a los “no uniformados” que, de una u otra manera participaron del criminal proceso en la Argentina. Ante esto, resulta necesario hacer algunas aclaraciones, porque no todos los que hablan al respecto, cuentan con suficiente autoridad moral para tal acusación, y por tanto, conllevan al ocultamiento de los verdaderos responsables. 

       Se puede catalogar de “dictatorial” o “dictador” a un proceso o persona desde un punto de vista estrictamente constitucional, según la cual entendemos a aquel o aquellos que acceden a un puesto de representatividad y con capacidad de decisión sobre un grupo social determinado sin el acuerdo explícito del grupo de referencia. En el caso de gobiernos dictatoriales, hablamos de dictaduras cuando éstos no respetan las constituciones a la hora de elegir autoridades.

       Pero la palabra “Dictador” no se refiere estrictamente y sólo al mecanismo de acceso al poder, sino también a los móviles e intenciones en la utilización del ilegal método. En este caso es evidente que, en un sentido general, la intención de cualquier dictadura no está en sintonía con los deseos, necesidades o beneficios del grupo social receptor, ya que de ser así, se utilizaría el método normado. En todos los casos, los procesos dictatoriales responden a intereses minoritarios, extranjeros o que no representan los derechos de las mayorías.

       Si catalogamos como “dictatorial” a todo aquel proceso que no responde a las voluntades de las mayorías de una sociedad, el espectro se amplía de forma considerable. Fundamentada esta apertura en la premisa que, todo aquel ciudadano que tenga firmes intenciones de respetar las decisiones de las mayorías, aún cuando éstas lo excluyan, no estará dispuesto a utilizar ni acompañar a quien utilice mecanismos fuera de lo acordado por la sociedad a la que pertenece, ni mucho menos financiarlas. 


Mauricio Macri, Duhalde, Menem, Franco Macri

       Frente a esta definición ampliada, la visión sobre participación civil en los procesos dictatoriales cambia diametralmente. Pretender que la sociedad o complicidad civil con las dictaduras y sus criminales métodos está reservada a directorios de empresas contemporáneas al proceso o figuras eclesiásticas octogenarias, es echar una espesa cortina de humo que encubre a los verdaderos responsables de esos sangrientos períodos en la historia Argentina y por sobre todo a los que, en la actualidad, añoran aquellos beneficios.

       La participación en los crímenes de la dictadura no es una cuestión sólo fáctica, sino más bien, puramente ideológica. Comprender esto permite hacer de la historia y la verdad una herramienta poderosa para construir el presente, de lo contrario, la historia queda en un texto apergaminado absolutamente inconexo con lo que sucede en la actualidad y lo que puede suceder en un futuro.

       Tal vez el paradigma de esta ideología lo constituye el, gracias al pueblo Argentino, ex presidente Carlos Saúl Menem y su frase "Si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie". Esta triste expresión es mucho más que una oración graciosa y nefasta, encierra el mecanismo que reemplazaría a los militares en la gestión de gobierno, pero no en la violación de las voluntades populares ni en la criminalidad de los procesos.

       Para instalar el miedo y la posterior parálisis e inacción fueron necesarios, primero los ejércitos adoctrinados para tal fin, luego, los Medios Masivos de Comunicación, concentrados y poderosos, construyeron sociedades aterradas, desilusionadas de la política como mecanismo de organización social, sin ninguna esperanza de cambio general y con una fuerte necesidad de “salvarse” de la pobreza, como sea.

       Frente a este análisis, cuando pensamos en los sectores no castrenses que estimularon, financiaron, participaron, apoyaron y se beneficiaron con los crímenes y la muerte debemos pensar en todos aquellos que avalaron y participaron en procesos supuestamente democráticos con sectores proscriptos, aquellos que accedieron al poder mediante el engaño, la mentira y la utilización de tecnologías poderosas para condicionar las decisiones populares. También debemos incluir en esta lista a los que hoy ejercen el poder recostados en la falsedad de sus propias promesas, necesarias como nuevo método.


"Fino" Palacios con Masera
 Si el paradigma lo constituye el gobierno de la década del ´90, el refugio de persistencia de esta “socio-complicidad” está representado por Mauricio Macri y el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Teniendo en cuenta sus inmensas conexiones con la dictadura y el gobierno de Menem, no sólo en sentido sino en dirigentes. Cargado de promesas como “…una educación de excelencia”, la “…la urbanización de las villas” y a pesar de haberse mostrado en un basural con una niña de piel obscura, no le tembló el pulso al crear la UCEP, al nombrar al “Fino” Palacios al frente de la Metropolitana, recortar presupuestos en políticas sociales, en salud entre otras impopulares medidas, acompañadas de incremento en la inversión en publicidad (Medios) e infraestructura del espacio público (Empresas constructoras). No es difícil apreciar que el tenor de las medidas son ampliamente coincidentes – así como los funcionarios – no sólo con las medidas de la década de los ´90 sino también con los intereses defendidos por las políticas de la dictadura militar de 1976-83. 

       En síntesis, cuando hablamos de cómplices o socios de las sangrientas dictaduras militares en la argentina debemos incluir a todos aquellos que consideran a la violencia, a los secuestros, a los asesinatos, a los engaños, a las mentiras como métodos válidos en la gestión de un gobierno para poner al servicio de unos pocos el sacrificio y los derechos de las mayorías.

       La justicia debe juzgar a los ejecutores, la sociedad a los ideólogos.

     La historia no pasa, sencilla e indefectiblemente nos atraviesa.
                            
                                                                       Kike Dordal

1 comentario:

  1. Incluirlos en la lista de complices para algunos es exagerado pero tengamos muy en claro que no lo es. Ayudaron y lo volverían a hacer, no nos confundamos cuando se hacen los santos para pegarle al gobierno.

    Pasá por mi blog (www.visto-desde-el-sur.blogspot.com) que vas a ver por qué lo digo. Algún que otro palo garantizado para La Nación.

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