“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

martes, 6 de marzo de 2012

Tito Nenna y el paro

Desmontar la sinécdoque




Por Francisco Tito Nenna**

Desde su asunción como presidente de la Nación, Néstor Kirchner demostró que llevaba el compromiso con la escuela pública en su ADN. A dos días de jugar con el bastón de mando en el Congreso, voló a Entre Ríos en un helicóptero junto al por entonces ministro de Educación, Daniel Filmus, para destrabar un conflicto docente sin precedentes en esa provincia. Y ahí nomás, sacó la birome Bic y firmó sobre un papelito improvisado la determinación de destinar el dinero suficiente para pagar los sueldos adeudados al sector.

Como dirigente gremial de los maestros, me tocó recibirlo entre la marea de trabajadores de la educación que lo abrazaba mientras Él se zambullía entre nosotros, entregándose a la recuperación de la educación como un derecho social inalienable. Con la Carpa Blanca como síntesis pero un tendal de luchas y resistencias al neoliberalismo que tomaba a la escuela como un servicio más, la CTERA se transformó en protagonista de la restitución de las políticas que el menemismo había eliminado y la creación de nuevas herramientas legales para el resguardo y el fortalecimiento del trabajo en las aulas.

Sumado ese empuje a la voluntad política de este gobierno, se obtuvo la sanción de la Ley de Financiamiento, por la cual se destina el 6.4 por ciento del PBI a la educación; la Ley de Educación Nacional, que vino a reemplazar la Ley Federal que transfería la responsabilidad a las provincias; y la Ley de Paritarias, que defiende la instancia de discusión entre el Estado y los representantes sindicales para el abordaje no sólo de la discusión salarial, sino también de la formación de los docentes, las condiciones de enseñanza y aprendizaje y la infraestructura escolar. Las 1400 escuelas construidas en 8 años, el reparto de más de un millón de netbooks y las iniciativas de reinserción y terminalidad para la inclusión de los habitantes del país completan ese cambio de paradigma con respecto a la década del 90'.

Por eso, el lanzamiento de un paro docente no es una buena noticia para nadie, y es aprovechada por las corporaciones mediáticas para atacar a la presidenta Cristina Fernández y azuzar, a su vez, a los gremios docentes en contra de este gobierno. En la catarata de basura informativa, hay quienes tratan de diluir el contenido global del discurso de la primera mandataria y apuntan a tomar la parte en que se refirió a la labor de los maestros como condensación absoluta de su exhaustiva exposición, durante la apertura del 130° período de sesiones ordinarias frente a la Asamblea Legislativa.

Ni los docentes trabajan sólo 4 horas diarias ni el modelo que conduce la jefa de Estado es comparable al de los gobiernos de los últimos 35 años. Y tampoco es justo reducir la política educativa del Gobierno nacional a la percepción que la Presidenta tenga sobre algunos docentes porque fue durante su mandato y el de su esposo cuando más se hizo por el sector desde el retorno de la democracia.

Además, sería saludable tanto para un gremio que logró grandes conquistas y reivindicaciones como para el proyecto político que supo encauzar sus demandas y capitalizarlas que las palabras se fecharan y situaran en contexto, con el propósito de eludir la beligerancia que fogonean los voceros del caos. Desde esa perspectiva, las declaraciones de CFK forman parte de una creencia social más extendida que los trabajadores tenemos la obligación de desmontar con acciones concretas al frente de las aulas y con una comunicación más clara y transparente de nuestro desempeño, trascendiendo las concepciones corporativas en las que la derecha pretende enfrascarnos.

En definitiva, la Presidenta desentrañó con claridad y contundencia el despliegue del modelo que conduce, los avances y la audacia para transformar aspectos del país que subyacían bajo densos mantos de injusticia, más allá de la política educativa. Recortar su potente alocución al segmento en cuestión sólo puede obedecer a la malicia de quienes no pudieron, no supieron y no quisieron cambiar lo que este proyecto nacional y popular trocó.

Y en última instancia, enfatizar en la disgresión sobre la cantidad de días de vacaciones que tienen los maestros implica complacer a aquellos que se esmeran por tapar la vastedad con que se cubrieron las necesidades educativas de la Argentina desde el 2003 hasta aquí. Tal operación retórica se denomina sinécdoque pero, para ser justos, la actualidad merece menos terrorismo sintáctico en la prensa y una comprensión más acabada en la sociedad para recuperar la construcción colectiva de las políticas educativas.

*Legislador porteño por el Frente para la Victoria
*Tiempo Argentino publicó hoy un fragmento de este artículo

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