“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

viernes, 30 de diciembre de 2011

En 2011 lo imposible sólo tardó un poco más

                                                         Por Carlos Pisoni (H.I.J.O.S.)
Se acaba el 2011, otro año que forma parte de este momento histórico que está viviendo nuestra patria, y que nosotros desde HIJOS nunca imaginamos que sería posible.
En materia de Lesa Humanidad en 2011 se siguió profundizando el camino de Memoria, Verdad y Justicia: ya hay 105 hijos de desaparecidos que recuperaron su identidad, 266 genocidas fueron condenados, hay 593 presos, 842 procesados y 20 juicios finalizados este año. Un imposible pensado hace ocho años, antes del fin de las leyes del olvido, cuando los terroristas de Estado caminaban libres por las calles. Los números son mucho más que una cifra: son la materialización de  la lucha del pueblo por justicia y la decisión política de Néstor Kirchner de cambiar el rumbo de la historia y terminar con la impunidad.
A 35 años del golpe cívico-militar, el avance sobre la responsabilidad y participación civil también se convirtió en una realidad, y además del condenado cura Von Wernich, hoy están a la espera de juicio oral ex funcionarios como Martínez de Hoz, ex jueces como Romano o Miret, empresas cómplices y beneficiarias como Ledesma, Ford, Clarín y La Nación.
Este proceso histórico de Juicio y Castigo a los genocidas es fundamental para pensar el futuro y cambiar el presente, y que no sólo sean juzgados y condenados Astiz, Videla, Patti y otros genocidas, sino también los asesinos de Mariano Ferreyra y Luciano Arruga, y los desaparecedores de Julio López.
Una de nuestras banderas que siempre impulsamos desde HIJOS en los siguientes gobiernos democráticos fue el desmantelamiento del aparato represivo. Y si bien aún resta un largo camino por recorrer para terminar con esta deuda, la política encarnada desde el Ministerio de Seguridad por Nilda Garré va en esa dirección. La decisión de preservar el derecho humano fundamental, el derecho a la vida, ordenando no reprimir la protesta social sigue siendo una de las medidas más importantes de este proyecto.
A contramano de la política que vivimos a nivel nacional, la Ciudad de Buenos Aires desde hace cuatro años ejerce un retroceso inusitado. La gestión de Mauricio Macri está aplazada en esta materia, y se convirtió en un sistemático violador de Derechos Humanos. La Policía Metropolitana es un fiel ejemplo: se creó una fuerza nueva con lo peor de lo viejo, con integrantes de la dictadura militar y oficiales que se convirtieron en adeptos al gatillo fácil. Por otra parte, el organismo que tiene que velar por la recuperación de los ex centros clandestinos de detención, el Instituto Espacio por la Memoria (IEM), se caracteriza por una inacción inaudita, llevando a estos espacios a estados de abandono y parálisis y a una precarización de los trabajadores que allí se desempeñan.
Este año nos encuentra con un avance impensado en conquista de derechos para todos nuestros compatriotas: Derechos Humanos, sociales y laborales, que se afianzan día y día, y que no estamos dispuestos a negociar en el futuro ni retroceder ni un paso. Pero este fin de año nos deja un sabor amargo con la sanción de una Ley Antiterrorista que rechazamos. Queremos seguir dando ejemplo ante el mundo en materia de Derechos Humanos, pero medidas así nos alejan indefectiblemente de ese camino.
El 2012 se presenta con nuevos y viejos desafíos: erradicar la tortura de cárceles y comisarías; desclasificar todos los archivos de la dictadura; terminar con las muertes en protestas sociales ordenadas por gobiernos provinciales y municipales, e integrantes de Fuerzas de Seguridad que siguen sin acatar las decisiones políticas; desmantelar definitivamente las redes de trata, sistema de desaparición de personas; acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad, como dijo nuestra presidenta en su discurso de asunción, y confirmar los fallos; y seguir distribuyendo más equitativamente la riqueza. Son sólo algunos de los retos que tenemos, y sabemos, como quedó demostrado durante estos ocho años, que lo imposible sólo tarda un poco más.


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