“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

viernes, 28 de octubre de 2011

Otra vez Sarlo...

 
“Corazones coloniales” 
(por Kike Dordal)

Resulta inevitable, después de los pensamientos plasmados en las notas de Beatriz Sarlo, hacer una comparación lineal con los dichos de Elisa Carrió, Mirta Legrand, Hugo Biolcati, Mauricio Macri y algunos también incluirían en esta comparación, los dichos de Fito Páez a propósito del triunfo del hijo del poderoso empresario en la Ciudad de Buenos Aires.  En un vistazo superficial, el primer punto en común está en una suerte de descalificación de ciertos sectores sociales, valorados, en todos los casos, según sus actos manifiestos. Pero si profundizamos la mirada, nos encontramos con algo mucho más terrible, y común a todos ellos y muchos otros más, con la excepción segura del compositor rosarino en este punto.


         En primer lugar se advierte una fuerte cuestión sectaria, clasista acompañada de una importante jerarquización de esas clases. Las personas, los ciudadanos, son valorados no ya por su origen étnico o su aspecto fenotípico, ni siquiera por su pensamiento político, son valorados por sus acciones, o mejor dicho, lo que se desvalora son las acciones y pensamientos y en consecuencia quien las promueve.


         Hasta ahora parecía claro el enfrentamiento entre ricos y pobres – aún no perteneciendo a alguna de las condiciones - , o entre derechas e izquierdas pasando por todas las posibilidades del espectro, o porqué no, peronistas frente a radicales – o el opositor de turno -  y otras dicotomías que puedan surgir en los futuros. Pero lo que parece una evolución en los enfrentamientos, resulta un gran retroceso, un proceso de lo más retrógrado, pero que comprendido así, pone inmediatamente en una misma vereda a personajes  disímiles como la Sarlo, la Carrió, Biolcatti, Macri y algunos hombres del supuesto espectro progresista, incluso de la pendulante izquierda nacional.


         Para comprender esto debemos recurrir nuevamente a Don Arturo Jauretche y sus planteos sobre la pedagogía colonialista. En estos tratados, el maestro historiador, explica con suma claridad el concepto de “colonización intelectual” o más ampliamente “colonización cultural”, con lo cual aquel viejo fantasma esgrimido por sectores políticos diversos de “le lavaron el cerebro”, se ve técnica y ampliamente superado por la colonización de corazones, es decir, se colonizan los sentimientos que carecen de toda racionalidad y no los pensamientos ni las ideas.  Desde la escuela en todos sus niveles, en muchos casos el hogar ya colonizado, los libros, la gráfica, la radio, la televisión y todos los ámbitos comunes van cercando al ser en su formación hasta colonizarle el corazón. Esto explica muchas acciones, contradictorias por cierto,  de nuestra sociedad.


         Lo que mueve a la señora Beatriz Sarlo a manifestarse de ese modo, como a todos los que se expresan en el mismo sentido, es un profundo rechazo, descalificación, desprecio y deseos de extinguir de la faz de la tierra a todos aquellos que no respondan a los modelos y ejemplos dictados, en su momento, desde otras regiones y que tenían y tienen la intención de construir o transculturar sociedades para que se adapten, consuman y favorezcan las economías de aquellos países, hoy representados ya no por naciones sino por enormes corporaciones de múltiples orígenes. Dicho en castellano antiguo, “imperialismo económico y cultural”. El gran problema a resolver es que ellos llevan esta convicción en sus corazones y quienes los apoyan, también. Han sido fuertemente colonizados y la inversión de ese proceso es lenta y difícil.


Si llamamos “ellos” a las características del colonizador, podríamos asegurar que caminan como “ellos”, se visten como “ellos”, viven como “ellos”, sienten como “ellos”, aman como “ellos”, tienen sexo como “ellos”, y por supuesto, votan y avalan procesos como “ellos” quieren y les conviene, no por convencimiento, sino porque lo demás es despreciable, aun cuando los favorezca. Eso es coloniaje.


         Concluyendo, desprecian al pueblo, a lo popular, entendiendo por popular no a los “pata sucia”, ”cabecitas negras” o especímenes del aluvión zoológico, sino a todo aquel que crea en otra construcción cultural que no sea la de occidente  - “ellos” - y responda a los intereses de esas economías. No pasa por la educación, ni por la capacidad de elegir bien, pasa por tener esa cualidad que le costó la vida a tantos argentinos, el sentimiento nacional y popular, eso es lo que odian. Siempre fue lo mismo, no han evolucionado.


         El tiempo está a favor de los pequeños.

                  

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