“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

viernes, 16 de septiembre de 2011

De qué lado estás...

Gobernar o administrar



Cuando Cristina Fernández de Kirchner aún era senadora nacional, en una entrevista televisiva expresó, a modo de premonición “Gobernar no es lo mismo que administrar y yo quiero Gobernar, no sólo administrar”. Varios años después y con largos días de gestión, va quedando claro la diferencia entre ambos conceptos.


         Si tomáramos como ejemplo de comparación la administración del consorcio de un edificio y pretendiéramos demostrar la similitud con la gobernación de un distrito, ciudad o nación, encontraríamos muchos puntos en común. Un administrador de consorcio es una persona o empresa electa por la mayoría de los habitantes y/o propietarios de un edificio para hacer uso eficiente de los valores recaudados en concepto de “expensas” y aplicarlos al mantenimiento y mejoramiento de los espacios comunes del edificio en cuestión. Toda esta tarea bajo un estricto control y supervisión de los electores a fin de evitar abusos o malversaciones de fondos. En la medida que el administrador trabaje con transparencia y honestidad y los mecanismos de control organizados por el consorcio funcionen debidamente, la administración tendrá los resultados esperados.


         Gobernar incluye todas las situaciones mencionadas para la administración, pero si una gobernación se limita sólo  a hacer eficiente el gasto de mantenimiento de los elementos y espacios públicos, no se trata de una gobernación sino, sólo una mera administración, que puede ser buena o mala, honesta o corrupta, pero no es más que una administración y carece de todo sentido humano.


         Para abarcar en toda su amplitud el sentido y significado, no sólo de la palabra “gobernar” sino de la acción misma, se deben tener un cuenta otros factores que no hacen únicamente al manejo de fondos públicos, pero que sí necesita de ellos.


         Los cambios de Edades en la historia, si bien se los trata de marcar por algunos hechos concretos, son básicamente un cambio de mentalidad de la sociedad producto de uno o varios acontecimientos importantes. Por ejemplo el paso de la Edad Media a la Edad Moderna es el producto del cambio de mentalidad del habitante de la antigua Europa arrasada por la “peste”, aquel castigo divino propagado por la rata que descendió de la península Escandinava e instaló la muerte en la oscura y poco terrenal Europa. Dos de cada tres europeos murió, pero eso no fue lo único grave, sino cómo morían, en la calle, en las casas, con hemorragias múltiples y sembrando el terror en todos los territorios. El hombre de esta época, religioso, espiritual, desapegado de lo material, convencido que la tierra era sólo un tránsito hacia lo verdadero, comenzó a descender la vista hacia sus pares, a darle más valor a su paso por la tierra al ver lo doloroso y cruel que podía ser el pasaje. Esto cambió la historia, y la humanidad dejó de ser lo que era. Sus gobernantes cambiaron con ella.


         Desde finales de los años 80, ante la debilidad de los ejércitos para ejercer el dominio de los pueblos, el imperio desarrolla, en América Latina, otra herramienta de dominación: Los Medios Masivos de Comunicación. Sobredimensionados en corporaciones económicas, estos medios ejercieron sobre los pueblos un efecto similar al de la rata escandinava en la vieja Europa, cambiaron la mentalidad de la población. El temor, la inseguridad, las profecías, el riesgo de caer en la pobreza, de no tener una buena cobertura de salud, o educación, sumieron a los pueblos en el más estricto individualismo, en donde casi todas las acciones están destinadas a acumular dinero, a salvarse de caer en la indigencia y marginalidad, como única salvación contra los males que la acechan. Ese individualismo despertó y despierta las más grandes miserias del ser humano, llegando hasta paradojicamente las sociedades a elegir y apoyar a sus propios verdugos.


         Queda bien claro que el sistema de gobierno y los gobernantes que eligen los pueblos estuvieron y están en plena sintonía con la realidad y la historia de esa sociedad. Y, por supuesto, solo la administración de fondos no resuelve las adversidades ni protege a los más vulnerables.


         En conclusión, para poder definir una gestión como gobierno y no como mera administración, se le debe exigir a ésta acciones que garanticen la protección de todos los ciudadanos ante las miserias inevitables de algunos seres humanos y deben también invertir gran parte de los fondos públicos que administran en estas garantías.


         En cada era de la historia el hombre ha desarrollado miserias. La lista es larga. Creer en los privilegios de unos pocos, someter a otros, extorsionar, invadir, torturar, matar, engañar, aprovechar debilidades en beneficio propio, mentir, robar, discriminar, abusar, desparecer, calumniar, marginar, abandonar son sólo algunas de las miserias humanas que, la única forma de controlarlas es Gobernando, poniendo todos los recursos tanto materiales como humanos de una sociedad para garantizarle a todos la seguridad y la dignidad de vivir en libertad. No más golpes de Estado, no más secuestros, no más desapariciones, no más corruptos, no más desigualdades, no más chicos con hambre, ni adultos ni viejos, ni nadie. El estado de igualdad de derechos y oportunidades es el estado ideal. Hacia él debemos transitar.


         Hoy muchos quieren “administrar” pero muy pocos son capaces de “gobernar”.


         A lo largo de toda la historia de la humanidad, gobernar fue mucho más que administrar. Gobernar es proteger.


         Sólo el pueblo salvará al pueblo.

                                                                   
                                                                                      Kike Dordal

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