“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

viernes, 19 de agosto de 2011

Ensayo para gorilas...

 Al gorila con cariño
 
Gorila no es lo mismo que antiperonista y a su vez, esos dos términos no son sinónimos de no-peronistas. Anti peronista y no-peronista comparten la cualidad de ponerse, de distintas formas, en la otra vereda del pensamiento peronista. Pero gorila, gorila es otra cosa.


            Que el término gorila esté íntimamente ligado al pensamiento antiperonista no tiene que ver con su exclusividad. Se puede ser antiperonista sin ser gorila y lo que resulta más increíble para muchos, se puede ser gorila aún siendo peronista. Esta estrecha asociación está ligada al hecho que, desde que se acuñó el término, los escasísimos y únicos movimientos populares fueron peronistas, y es precisamente a éste carácter al que el término se refiere.


            Ser o sentir como un gorila, es una figura metafórica que hace referencia, más que a una ideología, a un concepto filosófico de la vida y a un sentimiento, culturalmente construido, y del cual los portadores, no sólo eligen ése pensamiento sino que lo sienten, lo tienen incorporado en sus fibras más íntimas e incluso en ocasiones actúan irracionalmente o compulsivamente en la misma línea de pensamiento. Así es que encontramos ejemplares de esta “especie” humana en todos los ámbitos, credos, profesiones y niveles sociales sin ningún tipo de discriminación. Podríamos decir que nuestra estrella, “el gorila”, engloba todas las categorías definidas por nuestro principal referente del pensamiento nacional y popular, Don Arturo Jauretche. Cipayos, tilingos, mediopelo e incluso zonzos, aunque es de rigor aclarar que el zonzo para dejar de serlo tiene una tarea más sencilla. Para el gorila, la cosa es complicada.


            Básicamente el sentimiento gorila se asienta en un profundo y fuerte desprecio por lo popular, entendiendo por popular a lo masivo, lo común, lo de todos, lo de la mayoría, lo que las masas eligen, porque quieren o porque no tienen opción. El segundo punto importante de este pensamiento está atravesado por la explicación que el actor encuentra a al fenómeno popular despreciado, coloca a las mayorías en un estrato inferior al de él, económico, cultural, religioso, cognoscitivo, físico o si  no encuentra diferencia, se imagina mejor individuo, mejor persona, más lindo. En tercer lugar endilga todos sus problemas, limitaciones y miserias a las incapacidades de estos sectores, justificando en esta sanción muchos actos, que, dirigidos hacia él resultaría en gran injusticia e incluso delitos, pero si tienden a beneficiarlo, bien justificados están.


            El gorila, es absolutamente incapaz de aceptar una equivocación personal frente a una expresión masiva, como Macedonio Fernández pero sin poesía ni inteligencia, creerá que el pueblo se equivoca, ignora o es engañado. Parafraseando a Sor Juana podríamos decir “Gorilas necios que acusáis al pueblo sin razón, sin saber que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…”. Es incapaz también, de respetar las decisiones populares aún creyéndolas equivocadas, en definitiva, es incapaz.


            El “voto de baja calidad”, “vota al pato Donald”, “miran a Tinelli y compran un plasma”, “les falta educación”, “votan por el plan”, son sólo algunas de las expresiones de esta especie que, lejos de estar en extinción, se victimiza y baja las orejas cuando los vientos populares soplan casi huracanados.

            Lamentablemente para ellos debemos informarles que, desde 1912 existe la ley N° 8.871 conocida como Ley Sáenz Peña y desde 1947 la ley N° 13.010 la ley de Eva Perón, ambas leyes nos brindan las herramientas necesarias para que todos y todas los ciudadanos y ciudadanas de la República Argentina tengamos el mismo derecho a decidir, elegir, pensar y opinar. Apreciando la coyuntura,  resulta evidente que estamos dispuestos a usar esas herramientas. Aunque a los gorilas no les guste.



Kike Dordal

           

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