“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

lunes, 25 de julio de 2011

“Razones para creer”

Enunciados como Braden o Perón, Luder o Coca-Cola fueron consignas que marcaron alguna época de nuestra historia política. Casi siempre, o desde que pretendemos ser nación, al menos, parece existir la fuerte dicotomía entre dos modelos de país. De 1976 a 2003 parecía que, como en el mundo, un solo modelo era el ganador. Pero de entre las cenizas de la muerte, la tortura, el exilio y la marginación, como el ave Fénix, surgió una nueva esperanza. Ahora, como bien lo adelantara Discépolo, el cambalache del siglo XX, en el XXI se convirtió en un modo de vida, que reviste por momentos, a esa esperanza, de confusión e incluso fuertes contradicciones.

“Razones para creer” es el nuevo comercial de la empresa de gaseosas más grande del mundo y a decir verdad, es de rigor reconocer   la dificultad que existe para cualquier persona del mundo, sin distinciones étnicas ni sociales, en no acordar  con tan noble mensaje. La corrupción, la fabricación y el tráfico de armas, la discriminación, la especulación financiera, el fatalismo mediático, la marginación social son entre otros los principales males de este mundo, en todas sus latitudes. En esto acordamos todos.

La conclusión lineal que propone el mensaje y el autor del mismo son las principales contradicciones a observar, para luego comparar este trabajo publicitario con sólo aparentes intenciones comerciales y humanitarias, con algunos mensajes políticos lanzados desde plataformas que aparentan estar desideologizadas y carentes de todo contenido político.

Empecemos por la propuesta, cambiemos armas por coca-colas, lo que en principio parece bueno, si no tenemos en cuenta que no hay nicho común entre el consumo de armas y de gaseosas, la aplicación de este principio en forma lineal como se lo propone tiene como único resultado el incremento en las ventas de la famosa bebida y ninguna incidencia en la venta de armas. Pero esto es un dato más que menor.

  Lo más interesante resulta de analizar al emisor del humanista mensaje televisivo. El mismo plantea la existencia en el mundo de minorías y mayorías, en general estas últimas sometidas y victimizadas por las primeras.  Minorías inescrupulosas que tienen como único norte la acumulación de dinero aún sobre la inmoralidad e ilegalidad de los métodos y mayorías que en distinta medida sufren la carencia de los excesos y bienes apropiados por los “pocos” malintencionados.  Tanto quienes idearon este aviso como quienes se verán beneficiados por el mismo, es decir empresarios y magnates oligopólicos,  pertenecen a las minorías inescrupulosas antes descriptas, sin embargo son los que persuaden permanentemente a las mayorías que no deben usar esas herramientas, como si el uso fuese exclusivo de las minorías y a la vez por los fines, justificable.

Estos mismos inescrupulosos, corruptos, traficantes y ejecutores de todo mecanismo que derive en un incremento de sus capitales son los que, con mucha mayor facilidad van a acceder a los espacios de poder, tanto políticos como económicos, y aquí, como un episodio secular, vuelven a condenar los mecanismos que garantizan su posición de privilegio.

Las guerras y actos delictivos (inseguridad) que sostienen el negocio de las armas ( y otros), la apropiación de recursos naturales, la corrupción política que permite el acceso de grandes empresas al dominio de distintos mercados, los privilegios monopólicos que destruyen las industrias locales, secuestros, espionaje, tortura, crímenes, todas herramientas válidas a la hora de defender intereses de las minorías en cuestión.

Biolcatti en la Sociedad Rural, Duhalde, De Narváez, Carrió, Mauricio Macri, Magnetto, Los Mitre, y muchos más, al igual que Coca-cola, condenan los “flagelos” de la sociedad y emiten mensajes esperanzadores, mientras se nutren de ellos y sostienen su lugar de minoría dominante, protegidos por las corazas mediáticas que garantizan la llegada a las mayorías estafadas.

Quienes dicen traer sus puños llenos de soluciones, resultan ser nuestros más crueles verdugos.

 Discépolo no descansa en paz.

Coca-Cola es así.

Ellos también.
Kike Dordal